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"¿No se venden dos pajarillos por una monedita? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos." San Mateo 10:29-31 Como acabamos de pasar la celebración del Día del Padre, me gustaría reflexionar sobre el rol paterno entre nosotros los latinos. Alguien dijo que los niños pasan por etapas muy interesantes con respecto a los papás. Primero, cuando son bebesitos, lo llaman a uno "ba" , luego nos llaman "papi", después "papá", y más tarde nos llaman "para pedir dinero". Fuera de broma, el papel que nosotros como padres latinos debemos jugar en estos momentos de nuestra historia en los Estados Unidos es más crucial que nunca. No sólo necesitamos ser modelos para nuestros hijos y de apoyo a nuestra pareja, pero también proveedores de valores morales y espirituales, más que de dinero. Sólo un hombre arraigado en su fe puede lograr eso. Una de las imágenes que Jesús usaba para describir al Creador era la de "Padre". Eso me hace pensar que San José, su papá terrenal, debió haber sido un tipo especial de padre. Le prestamos mucha atención a María, su bendita madre, pero San José debió haber tenido una combinación interesante de esas cualidades de gentileza y fuerza, la cual asociamos con Jesucristo. En aquellos tiempos era responsabilidad primordial del papá enseñarle las Sagradas Escrituras a sus hijos. Claro que Jesús tenía una relación muy única con Dios Padre, pero José tuvo que haber jugado un papel muy influyente y positivo en la vida de Nuestro Señor, si no, se le hubiera hecho muy duro usar la imagen de Padre para representar a Dios. En el evangelio escrito al principio, leemos un recordatorio del amor de nuestro Padre Celestial por nosotros Sus hijos. Valemos mucho para Dios, aún cuando sabemos que somos cada uno, una personita entre billones de billones. Pero, esperen … hay algo preocupante en este pasaje. ¡Los pajarillos sí se caen del cielo! Sucede constantemente. Turbinas de aviones se los tragan. Otras aves depredadoras los cazan para sus crías. Las tormentas o las sequías los dejan sin alimentos. El amor del Padre NO los protege de las tragedias e infortunios de la vida. Lo cierto, es que …tampoco a nosotros nos protege. Los creyentes maduros debemos estar conscientes de esa realidad. Es lamentable escuchar a tantos que predican que el cristianismo es la clave para una vida tranquila y llena de prosperidad, por lo tanto necesitamos detener malos entendidos. Aunque nos parezca cruel, los pajarillos, inocentes criaturas, sí se caen del cielo. Así como muchas cosas malas le suceden a personas buenas y creyentes en Dios. El amor de padre no nos protege de los problemas de la vida. A los que somos padres de familia nos gustaría proteger a nuestros hijos e hijas de todos los problemas de la vida, ¿no es así? Es tentador, porque en lo más profundo de nuestro ser, quisiéramos ponerlos dentro de una burbuja protectora. Después de todo, cuando ellos sufren, nosotros también sufrimos. Cuando alguien les abusa, nosotros ardemos en ira. Cuando se encuentran en crísis, somos nosotros los que nos revolcamos en nuestras camas noches enteras sin poder dormir. ¡Cómo quisiéramos protegerlos de todo peligro! Pero, ¿qué pasaría si lo hiciéramos? Nunca crecerían para ser personas responsables, competentes, y maduras. El luchar contra los obstáculos y tragedias les fortalecen dándoles seguridad y haciéndoles hombre y mujeres competentes. Dios nos ha puesto en este mundo que El ha diseñado, con lo bueno y lo malo, para que sacáramos lo mejor de nosotros mismos al lidiar con la vida que nos tocó vivir, en fe y con amor. Eso no quiere decir que El Señor nos ha abandonado. Simplemente significa que este mundo es un centro de entrenamiento diseñado para producir almas preparadas y aprobadas para compartir esta vida con otros, aportando algo constructivo y luego compartir la eternidad con Dios. Por eso, no veamos las grandes pruebas como castigos, sino como oportunidades. Dios, así como muchos de nosotros papás, está ahí, haciéndonos porra, animándonos, inspirándonos. Pues aquel que fué probado en todo, Jesús, Nuestro Señor, nos dió el ejemplo. Eso significa que aunque todavía tengamos que pasar por unas cuantas crísis, no tenemos por qué hacerlo a sólas, y confiamos en la esperanza de que algún día, todas nuestras tritezas se tornarán en algo de mucho provecho, y en la casa de Nuestro Padre Dios viviremos verdaderamente felíces por los siglos de los siglos. Amén. |
El amor de padre no siempre protege Por el Rvdo. Pedro M. Suárez |