Este es uno de los comentarios más comunes que escucho en mi oficina, "Es que me enojo mucho, y por
cualquier cosa…¡exploto!" Obviamente, esto trae serias consecuencias en cualquier relación. Si usted cree que se
enoja facilmente, busque ayuda, porque son muchas las cosas que le pueden estar pasando. Sin embargo,
reflexionemos un poquito sobre el tema, puede que le ayude en algo.

Primero veamos, ¿qué es el enojo? Algunos psicólogos dicen que es un sentimiento secundario, una reacción a
un sentimiento primario como, frustración, humillación, vergüenza, culpa, o miedo. Por ejemplo, cuando uno ve
una situación que creemos es injusta, puede que nos sintamos frustrados porque no se hace nada al respecto, y
nos enojamos. Hasta aquí vamos bien. El enojo en sí mismo no necesariamente es un sentimiento negativo. Es
nuestra reacción al estar enojados lo que determinará si nuestro comportamiento es negativo o positivo. Por eso
digo que hasta aquí vamos bien, al enojarnos. Aceptemos nuestro enojo como un amigo que nos indica que algo
anda mal y necesita ser reparado.

Ahora, si al enojarnos salimos a golpear a alguien, gritar como locos, armar berrinches, preparar la venganza, o
vociferar palabras ofensivas es entonces cuando vienen los problemas. A nadie le gusta que le ofendan y tenga
por seguro que habrá una respuesta de alguna manera. Quienes usan la violencia verbal o física, lo hacen porque
funciona. Claro, por eso algunas personas golpean a sus parejas o a sus hijos, porque el comportamiento de la
otra persona se detiene. Pero las consecuencias de ese maltrato se verán tarde o temprano. Al perderse el
respeto, una relación sufre extremadamente, y para repararla se necesitará mucha ayuda.

Pero si por el contrario al enojarnos respondemos controladamente, los resultados pueden ser diferentes. ¿Qué
podemos hacer? Bueno, podemos ser conscientes que estamos enojados, aceptarlo y pensar bien como vamos a
responder. Nosotros somos los únicos responsables de nuestras acciones. Por lo tanto respiremos
profundamente, admitamos que estamos enojados y necesitamos un tiempo para reaccionar a la situación. Pero
no lo ignoremos ni nos quedemos con eso por dentro, pues no es saludable. Preparémonos para hablar del tema
sin ofender a los demas, ya cuando estemos calmados. Mientras tanto, llora, haz ejercicio, escucha tu música
preferida al volumen que desees (por supuesto sin molestar a los demas), sal a dar una vuelta por la calle, trata
de distraerte un poco, o háblalo con alguien de confianza. Por sobre todo, cuéntaselo a Dios en oración y pídele
sabiduría. Luego, enfrenta la situación al explicarle a la otra persona como tú te sientes. Analiza objetivamente el
caso y negocia una solución justa para ambos.

Te dejo con estas palabras de las Sagradas Escrituras: "El que tarda en airarse tiene mucho entendimiento, pero
el de espíritu apresurado hace resaltar la insensatez." Proverbios 14:29

Por cualquier cosa…¡exploto!
Por el Rvdo. Pedro M. Suárez