Constantemente oimos que nuestros amigos pueden ayudarnos a salir de estados depresivos, los cuales
pudieran ser resultados de un sufrimiento. Pero ¿cómo podemos ser de ayuda cuando vemos a un amigo o amiga
en ese estado? Aunque no pretendo acertar cien por ciento, debido a que cada caso es particular, sin embargo,
espero que el comunicar algo del tema nos dé cierta luz.
Cuando una persona está triste, decaída y sin ánimos, aprecia muestras de cariño genuino y desinteresado. El
calor humano sincero, caricias sanas, un abrazo espontáneo, palabras de apoyo y ternura, todas son
manifestaciones de amor que pueden ser la mejor medicina cuando estamos pasando por una crisis. Las
Sagradas Escrituras dicen en Proverbios 16:24, "Panal de miel son los dichos suaves, suavidad al alma y medicina
para los huesos."
No hay nada mejor que sentirnos comprendidos por alguien cercano cuando estamos hundidos en la tristeza y el
dolor. Debemos andar con cautela y prestar mucha atención a la conducta de la persona triste. Si esa condición
se prolonga demasiado, es recomendable visitar al médico. A veces estos estados anímicos pueden ser el reflejo
de una condición biológica de un organismo que no anda bien. Sólo un médico puede hacer esos diagnósticos.
No nos enfoquemos en echarle la culpa a la persona en crisis, y cuando haya que reconocer una falta,
refirámonos al hecho como el incidente que es y no como una parte de la personalidad. Busquemos en todo lo
que hay alrededor, una esperanza, pero no ofrezcamos falsas ilusiones, al contrario, seamos sinceros. No
esperemos grandes cambios de repente en nuestra amiga o amigo. Cualquier progreso por pequeño que sea,
debe ser alabado. Asegurémonos que la persona en crisis duerma suficiente, ni más ni menos de lo necesario. De
igual modo animémosle a comer invitándole a que coma con nosotros o algo así. Eso le ayudará a reponer sus
energías y a no perder el enfoque al buscar posibles soluciones. También es recomendable, durante este tiempo,
evitar el tomar bebidas alcohólicas ya que deshidratan, y son en sí mismas depresivas del sistema nervioso, lo
cual le llevará a una depresión mayor.
Es interesante notar que lo más importante no es necesariamente lo que le decimos a la persona triste, sino
nuestra presencia. El hecho de brindarle nuestra simple compañía puede ser el regalo más grande que alguien
está necesitando. Además, ¡qué bien se siente cuando alguien reza contigo y por ti! Dios es la fuente de
misericordia y nuestra esperanza. Nunca nos olvidemos que, el Espirítu Santo que nos fué dado en el Sacramento
del Santo Bautismo, habita en nosotros, y actuará si le dejamos hacerlo.
Ahora, les dejo con las palabras del Salmo 46: "Dios es nuestro amparo, nuestra fortaleza, nuestro pronto auxilio
en la tribulación. Aunque se traspasen los montes a la mar, y aunque la tierra tiemble, tenemos que confiar."



Mi amiga está deprimida …¿qué hago?
Por el Rvdo. Pedro M. Suárez