Reflexiones Pastorales
De los archivos del
Padre Pedro:
Juntos ...¿con o sin matrimonio?
Por el Rvdo. Pedro M. Suárez

El sueño de toda pareja de enamorados adultos es despertarse todos los
días el uno al lado del otro, poder hacer el amor sin presiones, a gusto,
tener metas comunes de larga duración en la vida, compartir una casa,
disfrutar de las mejores conversaciones como los mejores amigos, y hacer
memorias juntos.

Todo eso suena perfecto, sólo que a algunos, eso del compromiso
matrimonial les suena a dura obligación, carga, y hasta medio obsoleto e
impráctico. Por esa razón gran cantidad de parejas del sexo opuesto
deciden vivir juntos, o en "unión libre." Digo parejas del sexo opuesto,
porque para las parejas homosexuales es la única opción que tienen, y
actualmente en Estados Unidos, alrededor de un millón doscientas mil
parejas de homosexuales viven juntos.

Pero volviendo a los que sí tienen esa opción del matrimonio, montones de
enamorados ven como lo más sensato chequear "la mercancía antes de
comprarla." ¿Qué tal si no me gusta como canta todas las mañanas en la
regadera? ¿Y si ronca, o no recoge las medias sucias, o no se lava el pelo
todos los días?

Recuerdo que cuando yo era niño, era casi inconcebible que una pareja
viviera junta antes de casarse, y en mi mundo tan religioso, mucho menos.
Hoy, es más común que el pan de sandwich. Más de la mitad de las parejas
deciden vivir juntas. No se asombre, y pregúntele a sus hijos, sobrinos, o
amiguitos adolescentes que piensan del tema. Ellos creen que eso les
prevendrá de un divorcio, o dolor en el futuro.

Resulta que las estadísticas nos cuentan otra historia. El mudarse a vivir
con el novio o la novia, sin un compromiso fuerte, en última instancia
debilita la relación. Los reportes indican que los que viven juntos y después
se casan tienen el doble de posibilidades de divorciarse, que aquellos que
decidieron esperar hasta el matrimonio. Más aún, las parejas que viven en
unión libre antes de casarse tienden luego a tener matrimonios más
insatisfactorios, con más pleitos, falta de comunicación y niveles bajísimos
de compromiso responsable, que los que esperaron para el matrimonio.

Tal vez eso refleja la espiritualidad de cada quien, sus valores y principios.
Gente que tiene mucha fe tiende a ser más firme en sus compromisos.
También muchas parejas se juntan de antemano por razones equivocadas.
Algunos buscan más libertad, y se encuentran con las frustraciones de una
vida que requiere responsabilidad. Otros para tener relaciones sexuales a
menudo, en privado y no tan costoso como pagar hoteles o buscar
oportunidades riesgosas, pero se encuentran que la vida en pareja no es
sólo gozar sino convivir con lo bueno y lo malo.

Lo que es peor, muchos que ya llevan cierto tiempo viviendo juntos cuando
por fin deciden echarse el lazo es para "complacer" a la familia, o porque
se sienten culpables, y hasta sienten "compasión" por la pareja que sí
desea matriminio. Esos matrimonios no crecen sólidamente, son infelices y
tarde o temprano se quiebran.

Por eso es muy importante que las parejas se sienten a hablar seriamente
sobre asuntos cotidianos como las metas en la vida pero realísticamente, o
sea que tengan un plan obtenible basado en los que pueden de verdad
tener y no en lo que sueñan con tener, pues puede estar basado en sólo
ilusiones. Otra cosa cotidiana es sobre los hijos, el control de natalidad, el
presupuesto financiero, los horarios de trabajo de cada quien, quien va a
sacar la basura y si le gustan o no las mascotas. ¿En que van a basar su
relación? ¿En el enamoramiento el cual es un sentimiento pasajero? ¿O en
el amor responsable, el cual más que un sentimiento es una decisión?
Además, algo que no debería ser muy cotidiano, es sobre su fe, la religión,
la iglesia, y cómo se respetarán sus diferencias o como vivirán su fe en
común.

No hace falta dormir en la misma cama para darse cuenta de ciertos
hábitos. Prueben cocinando juntos, viéndose una mañana bien temprano
antes de arreglarse, o cómo reaccionan una de esas noches de visita y uno
de los dos está bien cansado o cansada como para hablar. Háblense con
respeto negociando las diferencias, siempre pensando que la opinión del
otro u otra es muy importante, y juntos vayan a su iglesia.

¡Claro que les voy a recomendar el matrimonio, y que lo mejor es no
cohabitar antes de casarse! Pero estoy convencido que sí se puede llegar a
niveles de compromiso saludable antes de ir al altar, de modo que esa
relación dure toda la vida. Y para los que ya están viviendo juntos, no los
voy a rechazar ni a criticar, pero les recomiendo altamente que traten de
casarse buscando el debido asesoramiento pre-matrimonial, de modo que
puedan analizar sus vidas juntos hasta este momento, y al consolidar esa
unión amorosa en el matrimonio, puedan con la ayuda de Dios, ver la
responsabilidad y el privilegio marital como bendiciones divinas y así ser
felices. Que el Todopoderoso les guíe e ilumine para ver la luz en su
camino.

Ministerios Latinos de la
Parroquia Luterana Bethel

Santa Misa Domingos 12:30 p.m.