Prestémosle atención a estas preguntas tan comunes: ¿Crées en Dios?, ¿en el Diablo?, ¿en los Santos?, ¿en la
brujería?, ¿en la Virgen?, ¿en la videncia?, ¿en ti?, ¿en lo que ves?, ¿en los ángeles?, en fin, ¿en qué crees tú?
Para el caso de esta reflexión entendamos "creer" como en lo que depositamos nuestra fe. Creer en algo o alguien
no es sólo saber que existe, sino es cómo entiende cada quien el por qué suceden o sucederán algunas cosas
importantes, y de dónde provienen las fuerzas para resolver los problemas. De acuerdo a lo aprendido de nuestros
padres o líderes religiosos, y de lo experimentado en nuestro pasado, así reaccionaremos ante los problemas,
especialmente aquellos que no le encontramos solución.
Algunas personas esperan una solución inmediata, creyendo que Dios, o los santos le van a sacar del problema con
un milagro. Y eso 'de inmediato', suena como por arte de magia. No tenemos paciencia como para aceptar que un
proceso puede ser lo que Dios quiere usar para ayudarnos a salir del problema. ¡No!, queremos salir ¡ya! de esta
situación incómoda y confusa, radicalmente de la noche a la mañana.
Esa creencia mágica de lo espiritual hace que muchos se queden paralizados engordando el problema aún más, sin
tomar responsabilidad donde habría que hacerlo, ni cambiando nuestra manera de pensar, ni buscando la ayuda
adecuada. No se trata tampoco de que limitemos a Dios y su poder. El puede actuar milagrosamente y de inmediato
cuando lo desée, pero la realidad es que eso es la excepción y no la regla. Muchas veces la transformación de una
persona o situación toma tiempo.
¿Qué tal si entendiéramos que los milagros también suceden por medio de un proceso no tan rápido? ¿O a través de
médicos y consejeros? ¿Le quitaría mérito? ¡Por supuesto que no! Todos vemos de acuerdo al lente de nuestra fe. Una
persona supersticiosa conseguirá una razón de lo malo que le pase porque pasó debajo de una escalera, o porque se
le atravezó un gato negro. Los más religiosos culparán su mala fortuna a no asistir más frecuentemente a su iglesia, a
que no se persignó antes de salir de su casas, porque no hizo su devocional personal en tres días, o simplemente por
su falta de fe.
Cuantas veces no hemos oido como Dios ha obrado en la vida de alguien poderosamente. Pues así queremos que
actúe en nuestras vidas. Lo que pasa es que al oir ese relato emocionado de alguien, como lo contó rápido, muchas
veces se omiten detalles y procesos por hacerlo breve. Esto hace que el hecho llegue a parecer como milagroso o
casi igual que mágico.
¿Y qué cuando negociamos? Si me haces el milagrito te voy a hacer un altar así y asao, o caminaré de rodillas cinco
cuadras, o ayunaré tantos días, en fin, montones de promesas. Entonces recurrimos a ritos y formulas mágicas para
salir de esa condición dolorosa. Es diferente cuando buenas obras se hacen en respuesta agradecida a Dios, pero no
para manipular. Muchas veces la voluntad de Dios es que aprendamos y nos fortalezcamos al pasar por un proceso
de enseñanza, cambio y desarrollo.
Recuerdo cuando mi sobrinito de seis años estaba batallando con leucemia. Había otro niño que sufría igual con el
tratamiento de agujas y demás, miraba a su mamá y decía, "Yo ya me voy a portar bien, no me hagan eso más, me
portaré bien, lo prometo." Sin embargo, al igual que mi sobrinito, también murió. Hay problemas que no tienen
solución, pero años después veo el poder de Dios en mi cuñado quien hoy es un supervisor de capellanes en un
prominente hospital de Chicago. Es felíz, no por haber perdido a su hijo, sino porque está enseñando y ayudando a
muchas familias a recibir el consuelo que él mismo recibió. Eso es un milagro, poder de Dios no poder de la magia.
Nos negamos el ser bendecidos y a recibir fuerzas, al no pedir de Dios guía para actuar, y preguntarle qué debemos
hacer para salir adelante. Cuando dejemos de pensar que algo sobrenatural cambiará de inmediato las cosas, y
comencemos a actuar como verdaderos dueños de nuestro destino, veremos una transformación propia como nunca
nos habíamos imaginado.
Los santos y la Virgen santísima, son ejemplos a seguir, modelos dignos de honrar por su fe y sus hechos
obedientes, y nosotros hacemos bien en imitarles. No olvidemos que mientras ellos interceden por nosotros, Dios es
quien realiza los milagros. Seamos pues valientes y aceptemos que la mano de Dios está con nosotros mientras
somos transformados. Eso es un verdadero milagro.
Les dejo con esta cita bíblica para reflexionar:
"¿No te he mandado que seas valiente y firme? No tengas miedo ni te acobardes, porque Yahveh tu Dios estará
contigo dondequiera que vayas." Josué 1:9

¿Poder de Dios o poder de la magia?
Por el Rvdo. Pedro M. Suárez