"Quien camina en integridad anda confiadamente, mas quien pervierte sus caminos será quebrantado."
Proverbios 10:9

Ya por fin dejamos atrás la campaña electoral a la presidencia de los Estados Unidos. En los últimos días de
contienda vimos con frustración como ambos candidatos invirtieron mucha energía en tratar de desprestigiarse el
uno al otro. Todo se enfocaba en cuestión de integridad. Se acusaron de no hablar con la verdad. Y es que la gente
desea votar por alguien que sea honesto e íntegro, que sus palabras vayan de acuerdo a sus hechos. Como
sabemos ahora, fue una competencia muy reñida. Muchos que no confiaban ni en uno ni en otro, ejercieron su
derecho al voto, simplemente por su convicción democrática.
Si le preguntamos a cualquier latino sobre la situación política de su país de origen, muy probable el tema de la
desconfianza y la corrupción es lo primero que se nombra. Decimos que queremos que nuestro gobernantes sean
honestos, pero ¿lo somos nosotros? Hagamos la prueba. Contestemos sinceramente a estas preguntas de orden
sencillo y de la vida diaria:
- Al estar en el supermercado ¿nos metemos en la línea de la caja de "10 artículos o menos" sabiendo que tenemos
12?
- ¿Dejaríamos una nota en el parabrisas de un vehículo estacionado si accidentalmente lo rayamos con nuestra
puerta?
- ¿Piratearíamos un programa de computadora, o un CD de un amigo para no tener que comprarlo?
- ¿Destruiríamos documentos si nos lo pide nuestro empleador sabiendo que son evidencias en una demanda legal?
- ¿Somos completamente sinceros cuando llenamos nuestra declaración de impuestos?
- Si una cajera se equivoca y nos da dinero de más, ¿devolveríamos el dinero?
- Nuestra ofrenda en la iglesia ¿es lo menos que le puedo dar a Dios y de lo que me sobra, o lo más que podría dar
sin desbalancear mi presupuesto?
- ¿Mentimos sin motivo y ni siquiera nos detenemos a pensar en ello?
Estas son sólo pequeñas cosas, pero al tratarse de integridad cada una vale. Es que la corrupción carcome como el
óxido, poquito a poco y cuando nos damos cuenta nos ha hecho mucho daño, a nosotros, a nuestros seres queridos
y al país donde vivimos. Necesitamos regresar a los principios de moralidad, de valores humanos y espirituales
absolutos. Me refiero a que le damos tantas excusas a nuestra conducta, que llega el momento en que todo parece
relativo. Pero hay principios que no se deben alterar. Por ejemplo: que mis acciones cuando disfruto de mi libertad
no hieran a otros; que mi compasión esté por encima de mis deseos; que el amor a Dios se manifieste por mi amor
al prójimo y a mí mismo; y que el respeto a los otros nos enriquezca a todos como seres humanos.
El 23 de septiembre de 1966, el Dallas Times Herald publicó un artículo sobre un incidente en Long Beach. Un
individuo fue a comprar un pollo frito en una tienda popular de comida rápida. Dejó a su compañera en el auto y por
accidente el encargado del restaurante le entregó una caja con el dinero que iba a depositar en el banco, que para
ser discreto era una caja normal de pollo. Imagínense la sorpresa que se llevaron al abrir y encontrar ese dinero. El
dilema comenzó, pero al final se regresaron a devolverlo. El gerente agradecido quizo llamar a los medios de
comunicación porque, según él, este era el hombre más honesto del pueblo. El individuo le rogó que no lo hiciera, y
cuando el gerente le preguntó por qué, contestó, "Es que soy casado y la mujer con quien ando no es mi esposa."
Mis queridos lectores, es que necesitamos ser integros en todo. Ya el apostol San Pablo lo dijo bien: "Todo me es
lícito, mas no todo me conviene." (1a. Corintios 6: 12) Así que viva su vida plenamente, diviértase, juegue, trabaje
y descance. Pero todo lo que hagamos, tratemos de hacerlo reponsablemente como personas íntegras.
Levantémonos de nuestras caidas y restaurémonos. En eso consiste nuestro verdadero desarrollo humano, y ya
sabes…¡nunca te olvides de Dios!

INTEGRIDAD… ¡SÍ IMPORTA!
Por el Rvdo. Pedro M. Suárez