Hace algunos años en San Louis, Missouri, una mujer vió a unas abejitas volando cerca del ático de su casa. Como
eran unas poquitas, no les hizo caso y las dejó tranquilas. Durante el resto del verano, las abejas siguieron su labor y
la mujer seguía despreocupada, sin saber que estaba creciendo una ciudad de abejas justo dentro de su techo.

Todo el ático se convirtió en un enjambre, y el techo de la habitación del segundo piso finalmente cedió ante el peso
de cientos de libras de miel y miles de abejas enfurecidas. A pesar de que la mujer logró salir sin mayores heridas,
nunca pudo reparar el daño causado por su propia negligencia y desidia de tanto tiempo.

Desafortunadamente, esa es una historia que se asemeja a la vida de muchas personas, ¿no les parece? Muchas
veces le damos poca importancia a las cosas. Aplazamos tareas necesarias en vez de enfrentarnos a ellas de una
vez. Ignoramos lo que nos molesta, que es desagradable, incómodo, hasta que es demasiado tarde. Entonces se nos
caen los "techos" encima.

Negligencia. ¡Qué palabra tan poderosa! Describe a muchas relaciones familiares, a esposos o esposas descuidadas,
niños que se cierran poco a poco. A padres y madres olvidados en tierra lejana y responsabilidades pospuestas.
Hasta hemos perdido buenas oportunidades por simple dejadéz y flojera. ¿Han visto ciertas casa descuidadas,
jardines y hasta vecindarios enteros con gran falta de mantenimiento?

Malcom Gladwell en su libro, The Tipping Point (El Punto de Inclinación), nos habla de la teoría criminal de "La
Ventana Rota." Muchos años atrás, los criminólogos James Q. Wilson y George Kelling formularon esta teoría sobre
cómo una comunidad o vecindario poco a poco cede y sube su margen de criminalidad. La llamaron la teoría de La
Ventana Rota. De acuerdo a esta teoría hay más chance que se cometan crímenes en áreas donde pareciera que a
los residentes no les importa mantener un nivel de estética muy alto y pareciera haber perdido el interés en su
comunidad.

Si una ventana se rompe y nadie la repara, la gente comienza a pensar que a nadie le importa esa propiedad. Más
vídrios se romperán y así van desmantelándola dando la impresión que ahí no hay ley ni orden. La gente asume que
puede bajar su manera de comportamiento porque nadie se dará cuenta ni le importará.

El Alcande de Nueva York usó esta teoría en los años 90 como una guía para reducir el crimen. Envió a grupos de
trabajadores a limpiar y reparar lo dañado por el vandalismo callejero. Designó a oficiales a patrullar esos
vecindarios y a multar a la gente por infracciones menores. El ensuciar las calles, tomar alcohol públicamente,
vandalismo y otros crímenes pequeños eran atendidos. Cuando la policía tomo cartas sobre esas "cosas pequeñas,"
enviaron el mensaje de que la comunidad estaba interesada en subir su propio nivel de vida social. Otros crímenes
mayores como asaltos, robos, y tráfico de drogas bajaron considerablemente, una vez que esos asuntos "menores"
estaban bajo contról.

Jesucristo una vez contó una historia de un hombre que plantó buena semilla en su campo. Pero, en la noche
mientras dormía, alguién que le guardaba rencor vino y sembró hierba mala junto al trigo. Cuando germinó el trigo
también apareció la mala hierba. Los sirvientes vinieron a perguntarle si arrancaban esa mala hierba que había
crecido. El les contestó que era mejor dejarlas crecer juntos para no arrancar la raíz del trigo junto con la mala
hierba, y que al cocecharlas se separarían para echar la mala hierba al fuego y el trigo al granero.

Esa es una historia que da un poco de miedo, porque realmente está hablando de las personas, y cómo algunos
somos trigo y otros mala hierba. El final de la mala hierba es terrible. Pero, lo cierto es que la mayoría de nosotros
estamos a tiempo de arrancar la mala hierba que debilita nuestra vida. Fíjense, si descuidamos nuestros carros, se
nos van a descomponer y pagaremos más. Si no le damos el mantenimiento apropiado antes del invierno, se puede
congelar el motor por no haber cambiado el antifreeze, o la batería morirá y acabaremos tirados por una carretera
en medio del frío. Lo peor es que algunos le echan la culpa a Dios. "¿Por qué permites que esto me pase Señor? "Voy
a perder mi empleo si no me ayudas." Dios no tuvo nada que ver con eso, sino nuestra propia negligencia. Del
mismo modo, debemos prestarle mucha atención a nuestras relaciones familiares porque podemos terminar solos o
solas.

Te invito a que comiences por arrancar las malas hierbas que te impiden relacionarte mejor con Dios. Toma
responsabilidad ahora por lo que es importante. Si tu familia es muy importante para ti, entonces este es el momento
de demostrarlo. El trabajar mucho, amparándote sobre la premisa que quieres darle un mejor modo de vivir, es
incongruente si lo que realmente quieres es amor, armonía, fe y paz. Ellos necesitan de tu tiempo, compresión,
cariño y preocupación genuina. Dáselos … antes que sea demasiado tarde y te caiga el techo encima.

Arrancando la mala hierba
Por el Rvdo. Pedro M. Suárez