Hasta el 4 de diciembre del 2002, a Roberto Mancillas de San Antonio, Texas, todo le iba bien. Sin embargo, cuando
llegó a su trabajo esa mañana su jefe lo despidió. Después de recibir semejante noticia, Roberto decidió irse caminando
hasta la oficina donde trabajaba su mamá para contarle lo que pasó, pero nunca llegó. Imagínense nada más, que
cuando iba pasando por un edificio que estaba en renovación, la construcción se desplomó cayéndole encima. Cuando
los rescatístas llegaron, lo único que podían ver de Roberto, eran sus pies. De inmediato lo llevaron a la sala de
emergencias del hospital. Tenía varios huesos rotos, incluso de la espalda, una conmoción, y otras heridas. A Dios
gracias, ninguna de las heridas fue mortal. Roberto llamó a su mamá desde el hospital y le dijo que no se preocupara
que todo estaba bien.

Yo no sé si yo podría decir que todo está bien después de haber pasado por algo parecido. La verdad es que las
posibilidades de que dos tragedias juntas como las que le pasaron a Roberto le pasen a alguien el mismo día, son
mínimas. No obstante, como dice una caricatura que está frente a la fotocopiadora haciendo alusión a una canción, "Yo
trato de vivir un día a la vez, pero a veces …como que me atacan varios días a la vez."

Nuestras vidas pueden trastornarse en un abrir y cerrar de ojos. Si no lo cree, pregúntele a alguien que haya
enviudado recientemente, o a alguien que acaba de recibir una noticia drástica en el consultorio médico, o simplemente
visite cualquiera de las oficias de servicio social en la ciudad que trabaja con hispanos. La vida puede ser cruel y cosas
que damos por sentado, como el llegar a viejos con nuestra pareja, recibir una pensión honorable, bailar y hacer las
cosas que más nos gustan - todo puede desaparecer en un suspiro. No sabemos en que momento la vida nos puede
cambiar.

El evangelio según San Marcos nos dice en el capítulo 13 lo siguiente, "Al salir Jesús del templo, uno de sus discípulos le
dijo: -¡Maestro, mira qué piedras y qué edificios! Jesús le contestó: -¿Ves estos grandes edificios? Pues no va a quedar
de ellos ni una piedra sobre otra. Todo será destruido."

Esa declaración de Jesús era delicada, porque para los judíos el edificio del templo mismo era el centro de sus vidas y
de su fe. El decía que eso era pasajero, y aunque hablaba sobre un hecho histórico, el cual sucedió, muy bien podía
estarse refiriendo a nuestras vidas. ¿Qué podemos hacer cuando las estructuras de nuestras vidas emocionales,
intelectuales y físicas se nos derrumban?

Tal vez suene muy sencillo pero podemos, confiar en Dios porque todo depende de él, y actuar como si todo
dependiera de nosotros. El viejo refran lo dice, "A Dios orando y con el maso dando." Al darle la cara a los conflictos de
la vida, luchando con valor, es cuando vemos la mano de Dios actuar.

En estos días que se celebra la Acción de Gracias, podemos animarnos sabiendo que algunos cambios en nuestras
vidas han provenido directamente de Dios. Otros más circunstanciales los podemos tornar en algo positivo para
nuestras vidas, y así le podemos dar gracias a Dios aún por lo que nos ha pasado a consecuencia de esas tragedias.
Muchas veces la pérdida de un empleo nos ha conducido a otro mejor, o la ruptura de una relación pudo haber sido lo
mejor que nos puediera haber pasado. Reconozco que a veces hay situaciones que nos pasan que más bien pareciera
que nos llegaran del mismo infierno. La buena noticia entonces es que no hay situación, por muy negativa que se
presente, que no pueda ser redimida si se la entregamos en las manos de Dios. Todo cambio puede ser usado para
glorificar a Dios y como una oportunidad para el enriquecimiento de nosotros mismos como personas.

Nunca olvidemos que el mejor regalo de amor nos llego de parte de Dios en su Hijo Jesucristo, y este no vino sin dolor
ni sufrimiento, sin embargo ha sido lo más grande y mejor que nos ha podio suceder a todos como humanidad y a cada
uno individualmente. En esta época de Adviento, al recordar que ya se avecina la llegada de nuestro Salvador,
esperémosle actuando, para ser nosotros en particular, agentes de cambio positivo dentro de nuestra comunidad.


Cuando se nos trastorna la vida
Por el Rvdo. Pedro M. Suárez