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"Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos." San Mateo 5:44-45 Recientemente un compañero necesitaba que le hicieran una reparación al portón de su cochera. Buscó en las páginas amarillas, encontró a un técnico, y le pidió un estimado. Debido a que el trabajo había que hacerlo como quiera, le dió un depósito al técnico por el 50% del valor total del trabajo. El técnico prometió volver al día siguiente sin falta. Al día siguiente no hubo señas del técnico, ni al otro día tampoco. Jamás regresó, ni siquiera devolvía las llamadas. Simplemente se desapareció con el dinero de este amigo. El compañero burlado, a la siguiente mañana salió a dar su trote de rutina. Apenas comenzó a caminar para calentarse y empezó a pensar en cómo le habían visto la cara de tonto, se habían aprovechado de él fácilmente. Se sentía impotente y el enojo le invadía mientras pensaba una y otra vez en el incidente. Mientras más pensaba, más enojado se ponía. Fue entonces cuando llegó a un momento de decisión. Podía dejar que su enojo le siguiera subiendo hasta llegar a amargarlo, o detenía eso haciendo algo al respecto. Mientras seguía corriendo, comenzó a rezar por el hombre que lo había estafado. Le pidió a Dios que le proveyera para sus necesidades si es que tenía aprietos económicos. Le pidió al Señor que le cambiara el corazón a ese hombre y que dejara de ser deshonesto. Oraba para que Dios le diera mucha bendición y que le enderezara sus caminos. Y mientras más rezaba por el técnico, más y más sentía que su enojo se disipaba, y le llegaba una paz muy dulce. Ese es un hombre sabio. El sabía que el no perdonar, y el odiar son la clave para entrar en una prisión que se tranca por dentro. Además sabía que la única salida hacia su libertad se abría con la llave de la oración y del perdón. Por la gracia de Dios, nuestro amigo decidió tomar el camino que lleva a la libertad, y así recibió una bendición en medio de una experiencia retadora. Nosotros podemos hacer lo mismo. ¿Hay alguien en tu vida que te ha hecho algo malo? ¿Te la pasas pensando una y otra vez en lo mismo? Hazte un favor, date una vuelta a solas, en el carro o a pie, y reza por esa persona. Pídele a Dios que le bendiga. Por otra parte, ¿hay alguien a quien tú le has hecho algo ofensivo? De ser así, contacta a esa persona de inmediato y restaura lo dañado, es una locura dejar pasar más tiempo. Oremos: Señor, confesamos que a veces nos trancamos en la prisión de amargura y resentimiento al rehusar perdonar. Nos hemos concentrado en darle vueltas una y otra vez a los hechos dañinos que otros nos han hecho, en vez de bregar con nuestros propios pecados. Así hemos dejado que nuestro enojo se convierta en una amargura enfermiza. Perdónanos Señor, y ayúdanos a usar la llave que tú nos has dado en tu bondad, la cual tenemos en nuestras manos, la llave del perdón y la oración por nuestros enemigos o quienes nos han hecho daño. Estamos agradecidos por tu gracia, bondad y amor las cuales están a nuestro lado cada día, aún cuando no querramos verlas. Te lo rogamos por Jesucristo, tu Hijo amado, Nuestro Señor, quien vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, un solo Dios por los siglos de los siglos. Amén. |
Cuando se aprovechan de nosotros Por el Rvdo. Pedro M. Suárez |