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"Por último, hermanos, piensen en todo lo verdadero, en todo lo que es digno de respeto, en todo lo recto, en todo lo puro, en todo lo agradable, en todo lo que tiene buena fama. Piensen en toda clase de virtudes, en todo lo que merece alabanza." (Carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses, capítulo 4, verso 8) Nicolás era un hombre fuerte y saludable, que trabajaba en las vías del tren. Se llevaba muy bien con sus compañeros de trabajo y hacía su trabajo con gran responsabilidad. Sin embargo, era un pesimista de primera, y constantemente temía lo peor. Un día de verano, se le notificó al personal que podían salir una hora antes en honor al cumpleaños del mayordomo. Cuando los trabajadores se fueron, Nicolás, el angustioso empedernido, se trancó accidentalemnte en uno de los contenedores refrigerantes que estaba al lado de la ferrovía para ser reparado. El pánico se fué apoderando de él. Gritaba y golpeaba hasta que perdió la voz y sus puños le sangraban. Su ruidos, si es que alguien los oyó, fácilmente pudieron confundirse con los de un parque infantíl cercano, o de algún tren de paso por las vías. Nicolás cuenta que la temperatura en el vagón era muy por debajo de cero. "No puedo salir de aquí," pensaba. "Me moriré congelado." Consiguió un cartón, y con un incontrolable temblor, escribió un mensaje a su esposa y su familia. "Demasiado frío," escribió, "cuerpo adormecido. Si sólo me durmiera. Estas podrían ser mis últimas palabras." A la mañana siguiente, sus compañeros de trabajo abrieron las pesadas puertas del vagón y encontraron el cadaver de Nicolás. De acuerdo a la autopsia, todas las señales físicas indicaban que había muerto de congelación. Pero el sistema de refrigeración del carro estaba completamente dañado y desconectado, porque lo iban a reparar. La temperatura interior había bajado a sólo 61 grados fahrenheit y el aire fresco podía circular sin problemas aún con la puerta cerrrada. El peor de los temores de Nicolás se convirtió en su propia realidad. (Una historia real escrita originalmente en inglés por Dennis Waitley, Empires of the Mind, p.126) Nuestros pensamientos son sumamente poderosos. Es por eso que el apóstol San Pablo nos anima a entrenar nuestras mentes a que estén enfocadas en lo positivo, en Cristo, porque con Dios de nuestro lado, tenemos muchísimas cosas positivas en que pensar. Por ejemplo, San Pablo sugiere que tengamos "la manera de pensar propia de quien está unido a Cristo Jesús, el cual: aunque existía con el mismo ser de Dios, no se aferró a su igualdad con él, sino que renunció a lo que era suyo y tomó naturaleza de siervo..." (Filipenses 2:5-7) Así que, ¿qué tienes en mente? ¿Cómo crées que te cataloga la gente, como pesimista u optimista? ¿Puedes identificar ciertos patrones negativos en tu pensamiento? Llévaselos a Dios en oración y descanza en sus promesas. No podemos lograr que nadie cambie, y hay situaciones que tampoco podemos cambiar, pero lo que sí podemos hacer es cambiar nuestra manera de pensar respecto a ello. El imitar la actitud servicial de Cristo, nos puede ayudar a sentirnos mucho mejor con respecto a nosotros mismos. ¡Vamos, atrévete a ayudar a alguien y verás! |
¿Qué tienes en mente? Por el Rvdo. Pedro M. Suárez |